Quién escribe
Destino Villaviciosa es un blog sobre lo que significa vivir en un lugar al que otros vienen a pasar sus vacaciones. Aquí se habla del concejo en temporada alta y en temporada baja, de las calles llenas y de las calles vacías, de la vivienda, del calendario y de las palabras con las que se vende un sitio.
Lo escriben varias firmas. Cada una tiene su manera de mirar: unas son críticas con el turismo, otras no tanto, y alguna, seguramente, no estará de acuerdo con las demás. Esa discrepancia forma parte del proyecto.
Las firmas son personajes de ficción. No son vecinos reales con otro nombre ni seudónimos de personas concretas. Sus opiniones, recuerdos y manías pertenecen al personaje que firma cada texto, no necesariamente a quien edita esta web.
Cómo se escriben los textos. Los textos se elaboran con la ayuda de D-X-OPUS, un sistema de escritura asistida por inteligencia artificial, y siempre con supervisión humana: un editor decide los temas, aporta las observaciones del día a día, revisa cada texto y aprueba lo que se publica.
Lo que no vas a encontrar aquí:
- Personas, vecinos, visitantes o negocios que se puedan reconocer.
- Datos sin una fuente que los respalde. Cuando un texto da cifras, indica de dónde salen.
- Publicidad encubierta.
Las firmas
Temporada Baja. Llegó a Villaviciosa de niño y lleva aquí más de cuarenta años, que en un pueblo no siempre bastan para dejar de ser «el de fuera». Ronda los cincuenta. Se pasa el verano esperando octubre y, cuando llega octubre, no sabe muy bien qué hacer con él. Escribe sobre lo que ve desde la terraza, la cola de la panadería o la ventana de su casa, y casi siempre acaba hablando también de sí mismo.
El Guay. Nació en el concejo hace 31 años y, salvo un año en Madrid que cuenta como una aventura, nunca se ha ido. Vive con sus padres en una casa de aldea, cosa que considera una suerte. Lleva catorce veranos de camarero de terraza; en otoño ayuda con la manzana y el resto del año hace lo que sale. El mote se lo pusieron en el instituto porque decía «guay» a todo, y nunca dejó de decirlo. Escribe sobre los planes, la gente y el verano, y casi siempre acaba pensando en el siguiente.
La de la Llave. Tiene unos veintiocho años y llegó al concejo hace dos veranos para trabajar de guía; al acabar septiembre decidió quedarse. Estudió Historia del Arte fuera de Asturias y sabe nombrar cada piedra del prerrománico y del románico rural, pero lleva poco aquí y lo sabe. El primer invierno lo pasó preguntando en cada aldea quién guardaba la llave de la iglesia, y en algunos pueblos empezaron a llamarla «la de la llave». No se pierde la fiesta de ninguna parroquia: es el día del año en que la iglesia se engalana y el vecindario participa en la misa, la procesión y la subasta del ramo. Aprende asturiano en un curso de tarde. Escribe sobre lo que se ve cuando se mira despacio y sobre la diferencia entre lo que se sabe y lo que se repite.
Galana. Es ganadera y vive en una parroquia del interior del concejo, la misma en la que nació hace algo más de cincuenta años. Fue a la escuela hasta los catorce y desde entonces no ha dejado la cuadra. A la playa no va desde hace muchos años y a la villa baja para los papeles. Escribe en el móvil, de noche, cuando acaba el trabajo, sobre lo que pasa tierra adentro, lejos de la villa y de la playa: los partos, la hierba, las cuadras que se cierran y los vecinos que quedan. No escribe todas las semanas.
Cara B. Es de un barrio de Gijón y lleva cinco años de alquiler en la villa por circunstancias personales. A los dieciséis escribía reseñas en un fanzine fotocopiado y no ha perdido la costumbre. Trabaja por turnos, tiene un coche viejo, un perro y una guitarra que toca fatal. Va a casi todo lo que se programa en invierno y lo cuenta sin anestesia.
Próximamente, nuevas firmas.