¿Alguna vez te has preguntado si, al caleyar por las calles de Villaviciosa, o al disfrutar de una sidra bajo el sol asturiano, podrías escuchar el eco del asturiano o bable? Esta joya lingüística, parte ineludible del patrimonio cultural de Asturias, tiene una presencia sutil pero profunda en nuestro concejo. Desde los verdes valles de las pumaradas hasta el murmullo de la Ría, el bable es un hilo invisible que conecta la historia con el presente, ofreciendo una perspectiva única sobre la vida y las tradiciones de La Villa.
El Susurro del Bable entre la Ría y las Pumaradas
Villaviciosa, con su aire de mar y el dulzor de sus manzanas, es un lugar donde las tradiciones se anclan con fuerza. Aquí, el asturiano, conocido popularmente como bable, no es solo un dialecto; es una parte viva de la identidad, una resonancia de generaciones que han habitado esta tierra fértil y costera.
Aunque no domine las conversaciones urbanas como el castellano, su presencia se siente, especialmente cuando te adentras en el mundo rural que rodea La Villa. En las aldeas más recónditas, junto a la brisa que viene de la Ría, aún es posible escuchar a nuestros mayores hilar frases en la lengua de sus ancestros.
Imagínate paseando por una pumarada en flor, el aroma a azahar mezclado con el yodo del mar que sube desde el playazu de Rodiles. En ese entorno idílico, las palabras en asturiano adquieren un matiz aún más auténtico, un vínculo directo con la tierra y sus ciclos. Es el lenguaje de la sabiduría ancestral.
El patrimonio lingüístico asturiano en Villaviciosa es un testimonio de una cultura que se niega a ser olvidada. Cada palabra, cada expresión, es un pedazo de historia, una descripción precisa de un mundo rural que ha sabido conservar su esencia frente a los cambios. Es un legado que se transmite de abuelos a nietos.
Escuchar a un paisano referirse al «orbayu» o a una «lluvia fina» en su propio idioma, mientras el rocío impregna el ambiente, es una experiencia que te conecta directamente con el alma de Asturias. No es solo comunicación; es una forma de sentir y describir el mundo que nos rodea, con una riqueza inigualable.
La Ría de Villaviciosa, con sus ecos y su biodiversidad, parece guardar también las voces de aquellos que antaño la surcaban. Los nombres de lugares, las toponimias locales, son en sí mismos un mapa del bable vivo. Cada «calle» o «camín» tiene su historia grabada en el lenguaje, un recordatorio constante de esta herencia.
Desde los barrios altos de La Villa, con sus vistas panorámicas, hasta los pueblos que abrazan la costa, la lengua asturiana ha dejado su impronta. Es una parte integral del ambiente, de esa sensación de autenticidad que impregna cada rincón de nuestro querido concejo maliayo. La transmisión oral ha sido clave para su supervivencia.
Expresiones que Pintan la Vida Cotidiana
Más allá de su uso formal, el asturiano se mantiene vivo en las expresiones típicas, en los dichos populares y en esa manera tan particular de describir el día a día que solo los asturianos poseen. En Villaviciosa, estas frases son como pequeños tesoros que afloran en conversaciones espontáneas.
Alrededor de una mesa con una buena botella de sidra, en cualquier chigre de La Villa o de los pueblos cercanos, es común oír un «¡Ho!» de saludo o un «¡Puxa Asturies!» cargado de orgullo. Son pinceladas lingüísticas que enriquecen el diálogo y evocan la camaradería local, un reflejo del carácter villaviciosino.
El uso cotidiano del bable en el mundo rural de Villaviciosa se manifiesta en palabras que no tienen una traducción exacta en castellano, o que pierden su encanto al ser traducidas. Conceptos como «fartura» (saciedad, pero con un matiz de satisfacción plena) o «esbillar» (desgranar maíz) son fundamentales y pintan la vida del campo.
Estas palabras son un reflejo directo de la relación con la naturaleza y con las tareas agrícolas. El aroma a tierra húmeda, el sonido de los pájaros al atardecer en las pumaradas, todo eso se contiene en la forma en que los villaviciosinos describen su mundo, con palabras como «prestar» (gustar mucho).
Incluso en el bullicio de un mercado local en La Villa, entre el olor a pescado fresco de la Ría y el colorido de los productos de la huerta, se pueden percibir estas influencias. Un «guapu» o una «guapa» para referirse a algo bonito, o un «home» como interjección, forman parte del paisaje sonoro que nos define.
El asturiano es, en esencia, la voz de la autenticidad. Nos habla de la resiliencia de su gente, de su conexión con el entorno, y de una forma de ver la vida que valora lo sencillo, lo natural. Es un legado que merece ser conocido y valorado por todos los que visitan este hermoso rincón de Asturias.
Cuando te atrevas a caleyar por los rincones menos explorados, quizás escuches el «¡Pasa!» de un vecino invitándote a entrar, o un «¡Qué guapu!» ante un paisaje. Son instantes mágicos donde la lengua y el corazón de Asturias se entrelazan, creando una experiencia inmersiva.
La vitalidad del bable en Villaviciosa se manifiesta en su capacidad para perdurar, adaptándose y conviviendo. Es un patrimonio que, aunque no siempre visible, late bajo la superficie, esperando ser descubierto por quienes tienen la sensibilidad de escucharlo y apreciarlo.
¿Has oído alguna vez el asturiano durante tu visita a Villaviciosa? ¿Conoces alguna expresión típica que te haya cautivado? Te invitamos a sumergirte en la riqueza cultural de La Villa y sus alrededores, a abrir tus oídos a los sonidos de su historia y a compartir tus propias experiencias con este fascinante patrimonio lingüístico.



