Imaginen comenzar el día respirando brisa marina en la ría de Villaviciosa y, pocas horas después, contemplar la grandiosidad de los lagos glaciares de Covadonga. Esta travesía no es solo una caminata; es un viaje transversal por la geografía asturiana que conecta el cantábrico con el corazón de los Picos de Europa. A lo largo de más de 25 kilómetros, el sendero recorre distintos pisos ecológicos, ofreciendo una experiencia de senderismo exigente pero increíblemente gratificante. El itinerario se adentra en la Reserva Natural de Somiedo y la Reserva de la Biosfera de Muniellos antes de ascender hacia el macizo central, permitiendo observar la evolución del paisaje desde las brasas y praderías hasta la roca caliza y los glaciares. Es una ruta pensada para aquellos que buscan conectar con la naturaleza en su máxima expresión, dejando atrás el ruido para sumergirse en la soledad de las cumbres.
De la ría al valle: el primer tramo
El punto de partida se sitúa en la desembocadura del ría de Villaviciosa, un espacio de alto valor ecológico dominado por las marismas y la actividad tradicional de los pescadores de bermejuela. Desde aquí, la ruta toma las primeras elevaciones hacia el interior, abandonando la humedad costera por los valles altos. El paso por pueblos como Tazones o Gijón señala la transición hacia un entorno más agreste. Un punto de inflexión es el paso por la sierra del Aramo, un divisor natural de gran importancia histórica. Aquí, la vegetación cambia drásticamente: los robledales dan paso a las facéidas y brezales de alta montaña. La trazada, aunque exigente, discurre por antiguos caminos trashumantes que hoy permiten al excursionista moderno seguir la estela de los vaqueiros de alzada. Es fundamental hidratarse bien en este tramo inicial, ya que la subida hacia el Puerto de la Cruz de la Reina (1.200 m) marca el inicio del esfuerzo real.
La subida al lago: el esfuerzo recompensado
Tras superar los puertos de montaña, el horizonte se abre abruptamente hacia el macizo de Covadonga. El acceso al Lago Enol y el Lago Ercina es el objetivo final y el premio a las horas de marcha. El terreno aquí es puramente kárstico, con una morfología esculpida por la acción glaciar que deja al descubierto grandes extensiones de caliza gris. Es común encontrarse con la flora alpina adaptada a condiciones extremas, así como con fauna propia de la alta montaña como el rebeco o, si se tiene suerte, el oso pardo en las zonas más remotas. El itinerario pasa por la zona conocida como Los Llanos de la Reina, una depresión natural que sirve de antesala a los lagos. La bajada hacia Covadonga se realiza por la famosa pista de la Foz de la Romanía, aunque existen alternativas más técnicas para caminantes experimentados que prefieran evitar el asfalto.
Consejos para la travesía
- Logística y transporte: Organiza las etapas con antelación. Revisa el servicio de lanzaderas para moverte desde Villaviciosa sin coche y dejarlo preparado en el final de ruta.
- Equipamiento esencial: Lleva calzado de trekking con buena amortiguación, bastones de senderismo y ropa técnica por capas. El tiempo en los Picos de Europa cambia sin avisar.
- Hidratación y avituallamiento: Aunque hay fuentes intermitentes, los riachuelos son escasos en la subida final al Enol. Lleva suficiente agua y comida energética.
- Respeto al entorno: Estamos en un Parque Nacional. Sigue siempre las marcas del sendero, no alteres la flora y recoge cualquier residuo.
- Mejor época: Los meses de junio a septiembre ofrecen las mejores condiciones, evitando el riesgo de nieve en cotas medias y la oscuridad invernal.
Conclusión
Completar esta ruta es mucho más que hacer kilómetros; es entender la morfología y el espíritu de Asturias. La transición desde el marisqueo en la ría hasta la austeridad de la alta montaña ofrece una perspectiva única que pocas regiones pueden igualar. No se trata solo de llegar a Covadonga, sino de experimentar cómo el paisaje responde a las fuerzas geológicas y climáticas que han moldeado la comarca. Para el viajero que busca autenticidad, esta travesía es una invitación a descubrir el patrimonio natural de Villaviciosa desde una atalaya privilegiada, descubriendo que, a veces, el mejor paisaje es aquel que se gana con el propio esfuerzo.



