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Destino Villaviciosa

Leer una portada de abajo arriba

La de la Llave · 4 min de lectura
Santa María de la Oliva. © 2019 Berto Ordieres
Santa María de la Oliva. © 2019 Berto Ordieres

Una mañana de esta semana me quedé un rato delante de la portada de Santa María de la Oliva. Al lado pasaban sobre todo coches, porque la iglesia está en un cruce con mucho tráfico. La villa ha crecido por otros lados y la iglesia, sin moverse de su sitio, ha ido quedando en el centro. A pie pasó poca gente: una mujer sin nada en particular, un hombre con el perro. Ninguno levantó la vista, y no se lo reprocho: yo tampoco miro el portal de mi casa. Lo que se ve todos los días deja de verse, y esta puerta lleva unos setecientos años a la vista de todos.

Una portada se lee como se sube una escalera, desde abajo. Abajo están las columnas, cuatro a cada lado de la puerta, y adosadas a ellas hay figuras de piedra, de pie, que acompañan a quien entra. Les faltan las cabezas. Se perdieron en la guerra civil, y siguen sin ellas. Las señalo y no digo más, porque lo que falta también forma parte de lo que se ve.

Encima de cada columna está el capitel, la pieza más ancha que la corona y sobre la que descansa el arco. En los capiteles de esta portada hay escenas de caza. Me acerco y estiro el cuello para distinguirlas, y aun así cuesta: la piedra es una arenisca porosa, de tonos pardos y rojizos, que el tiempo ha ido gastando.

Sobre los capiteles arrancan las arquivoltas, es decir, los arcos que se van metiendo unos dentro de otros hasta llegar a la puerta. Aquí son cuatro, apuntados, y llevan rosetas de cuatro pétalos y una línea en zigzag que recorre la piedra como una costura.

Lo curioso es que no todas las piezas son medievales. En 1956, el arquitecto Luis Menéndez Pidal restauró la iglesia después de los daños de la guerra y repuso piezas para completar las arquivoltas. Me he puesto delante varias veces para distinguir las nuevas de las viejas y, que yo sepa, no lo he conseguido (la memoria de aquella obra lo dirá, pero no la he leído).

No me parece una pérdida. Esa portada cuenta ahora dos historias: la de quien la labró y la de quien la reparó. Yo vivo de que a la gente le interese saber qué tiene delante.

Arriba del todo, en la piedra que cierra el arco, cuelga una imagen de la Virgen con el Niño. Para verla bien echo la cabeza atrás hasta que me tira la nuca. Más arriba se abre el rosetón, calado en la piedra, que por dentro ilumina la nave junto con unas pocas ventanas estrechas.

Los arcos apuntados, el rosetón, las figuras de las columnas y la Virgen suspendida eran novedades góticas cuando se levantó la iglesia (entre finales del siglo XIII y principios del XIV). Según las arquitectas que dirigieron la última restauración, entre 2006 y 2007, son obra de un taller local que interpretó a su manera esas soluciones nuevas. Al dar la vuelta al edificio encuentro otra puerta con un arco de medio punto, es decir, de medio círculo, y sospecho que aquí convivieron dos maneras de construir. Por qué las dos puertas son tan distintas es una pregunta que no tengo resuelta.

Para ver el conjunto me alejo unos pasos. Desde ahí aparece, sobre la fachada, la espadaña con sus dos campanas, y a la derecha un pórtico de columnas que cualquiera diría tan antiguo como el resto. No lo es: lo levantó la restauración de Menéndez Pidal, en una segunda fase de las obras.

Lo que sí es antiguo es el nombre que tuvo la iglesia, Santa María del Concejo. Recuerda que en el pórtico que tuvo antes se reunía el concejo de la villa, y que el templo nació ligado a la puebla que fundó la carta de 1270. Es decir, antes de ser monumento fue un lugar de reunión. Lo de monumento llegó después: la declararon en 1931, el mismo día que a Amandi y a Valdediós.

Vuelvo a mi sitio delante de la puerta. Siguen pasando coches, y a pie alguien de tarde en tarde. Uno levanta la vista, quizá porque ve a una mujer parada mirando hacia arriba un día de diario (llamo más la atención yo que la portada). En otros capiteles de esta iglesia hay músicos de piedra. Eso lo dejo para otro día.


Fuentes

[1] Clara Rey-Stolle Castro y Ana Piquero García, «Restauración de la iglesia de Santa María de la Oliva (Villaviciosa)», Liño. Revista Anual de Historia del Arte, 14, Universidad de Oviedo, 2008, p. 168. https://reunido.uniovi.es/index.php/RAHA/article/view/388

[2] Enciclopedia del Románico, ficha de Santa María de la Oliva, en Románico Digital (Fundación Santa María la Real), consultada el 5 de octubre de 2026. https://www.romanicodigital.com/el-romanico/imagenes-romanico/interior-389

[3] Principado de Asturias, Dirección General de Patrimonio Cultural, Bienes de Interés Cultural de Asturias (declarados hasta agosto de 2026).

Fotografía: © Berto Ordieres Fotografía.

Nota de la redacción: la descripción completa de la iglesia, con más fotografías y su localización, está en la ficha Iglesia de Santa María de la Oliva.

La de la Llave

Llegó al concejo hace dos años y medio para un verano de guía y decidió quedarse. Sabe más de sus iglesias que casi nadie y menos de su vida que casi todos.

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